Mostrando entradas con la etiqueta corto. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta corto. Mostrar todas las entradas

viernes, 9 de noviembre de 2012

Claro de luna.


La ciudad Pétalo de luna, era una ciudad en la que había adorables climas, fauna y flora muy bella, criaturillas alegres y saltarinas y bellas flores moradas en las que las gotas del rocío se reflejaban los rayos tibios del solo como los reflejarían los ojos negros de la amada, había una colina y en ella una mansión.

Esa mansión era llamada: La mansión del alma, era porque ahí trabajaban muchos artistas reunidos, que hacían los mas bellos trabajos artísticos a nivel mundial, ellos eran la cumbre del arte en su máximo esplendor, ahí mismo había científicos también que se esmeraban por mejorar la vida de los habitantes del pétalo de luna, pero había uno en especial…

El señor Alexander Radcliffe, un viejo un tanto deschavetado, que en sus juventudes había sido un gran innovador, pero hace mucho tiempo que el ya no hacia nada interesante, solo era respetado por lo que alguna vez fue, como las estatuas, ayer erguidas con gloria, hoy llenas de excremento de ave, así Alexander, el tiempo había pasado y era respetado por lo que fue, un día a la mitad de la noche el científico Radcliffe, lanzo tremendo grito y acudieron todos a su estrepitosa manifestación, el dijo que había matado a su asistente, Todo se lleno de misterio y se escuchaba en la habitación una lluvia de ¿Como? ¡Criminal! Que solo espesaban el ambiente…

El científico fue apresado inmediatamente y al ser entrevistado por los mejores policías y negándole el derecho a su abogado fue magullado para decir la verdad y el confeso, haberle hecho a su asistente ingerir un brebaje, al cual el había llamado “Claro de luna” este estaba hecho con una hierba local, la procesaba y tenia como resultado un liquido, una piedra y vapores, cualquiera de los tres producía el mismo efecto en quien le ingiriera, Alexander noto que los animales que consumían el claro de luna, se mostraban felices y llenos de vida y de un momento a otro simplemente morían.

El crimen comenzó cuando hizo a su asistente el joven Fernando beber esto de infraganti , se lo hice beber en un vaso de limonada –Dijo- y simplemente el chico comenzó a reír y llorar de alegría era hermoso, el me dijo, gracias y se la paso algunas horas tirado en el piso girando y retorciéndose de risa, el pobre Fernando después de un tiempo murió, los resultados de la autopsia simplemente muestran que su cuerpo se apago, sin alguna cosa a que culpar, como si hubiese muerto de una comoda forma mágica, Fernando dijo antes de morir, que lo que el sentía era sin duda lo mas hermoso que había sentido en su vida.

Dicho esto Alexander fue aprendido en la cárcel de pétalo de luna, los forenses decidieron investigar acerca del claro de luna y realizaron varios experimentos con animales así un día de ellos ingirió una pequeña dosís y sin importar que fuese poco el sujeto comenzó a retorcerse de risa y a ser aparentemente muy feliz, antes de morír le dijo a uno mas, oye debes probar esto, te hara feliz, te matara pero seras feliz un momento y es felicidad, te lo puedo jurar, uno mas decidió consumir el claro de luna y a los pocos días la ciudad del pétalo de luna había quedado desierta, todos sus habitantes habían muerto, debido al claro de luna, la sustancia que te hacía ser feliz, fue fuertemente propagada por la infeliz gente, así poco a poco y uno a uno, fue entregando su vida, por un momento de felicidad, así fue como la pétalo de luna, murió feliz y poco después la humanidad.

lunes, 22 de octubre de 2012

El ruiseñor.


Ahí… en las nubes… vida mía, se mezcla el rosa con el azul,
El reflejo tenue de la candidez del sol, en un poco del alma del mar,
Crean el rosa en las alturas,

El azul por su parte en el cielo, en un cielo ya con poca luz, que deja ver poco de la inmensidad
Del espacio, se muestra preparado para dejar ver a la luna, su majestad.

-Canta despacio pequeño ruiseñor, alguien podría enamorase de tu pico,
Cual marinero de la sirena, pocos pueden apreciar lo fantástico,
Sin caer presos y poseídos, adictos a tu canto,
Olvidaran la realidad, te explotaran y harán de tu vida un espato.
-Tu pequeño colibrí -dijo el ruiseñor- ¿Por qué un ave como tú, me pide callar?
Quizá solo es envidia y el que tú no cantes, te causa malestar.
-No es así, joven ruiseñor
-Replico el colibrí señalando así que él era mayor-
-Tu un ave gris, de pequeñas alas, incapaz de cazar o defenderse,
¿Me dirás a mí con lo que mi pico debo o no hacer? Es de sorprenderse…
-Un ave gris como yo, que no mata a nadie y nadie le quiere matar,
Con verdadera belleza que ni tu… “gran ave” podrás apreciar…
-No veo en ti, algo de cordura, vete de aquí enclenque,
Antes de que te destroce con un buen piquete.
-Yo te advertí y en mi culpa no habrá, cuando de tu pico
Solo se escuchen ruidos para pedir auxilio.
-El ruiseñor voló fuera del bosque, a una planicie amarilla
Donde en un arbusto encontró a una ardilla,
-Hola “hermosa ave” decía la ardilla,
Que con singular prisa, recogía semillas.
-hola, simpática criaturilla,
¿Quieres de mi pico escuchar una hermosa piececilla?
-No, me encuentro apurada, ha caído la noche y debo correr a mi madriguera
Antes de que caiga totalmente esta fría madrugada…
-Se fue la ardilla, desapareciendo entre los matorrales de la planicie,
Haciendo así que el ruiseñor se desquicie-
-Quizá mañana sea mejor día,
Este ha sido una agonía.
 -A la mañana siguiente, el ruiseñor se despertó temprano en cuanto el sol asomo de las colinas,
Emprendió con fuerza el ruiseñor a buscar comida y agua fresca y cristalina.
El ruiseñor comió y se aseo, continuo su paseo, lleno de deseo,
de encontrar alguien que apreciara su voz, y partió rápido al ver un búho parado en un cerezo.-
-Hola búho –Saludo el ruiseñor-
Se de buena fuente que es usted un gusto y excelente cantador.
Le pido con muncho respeto y admiración,
Me deje a capela hacerle una interpretación.
-Hace tiempo que no veo un ruiseñor, juraba no había más ninguno,
Fuerte debes ser para llegar desde tu hogar hasta acá, aceptare si me traes el desayuno.
-¿El desayuno señor búho? Que come un ave de su anchura,
Aceptare si me enseña a cantar a su altura.
-Me apetece una trucha,
Pues mi hambre es mucha.
-El ruiseñor voló y tan rápido pudo, regreso con el búho que se encontraba hambriento,
Señor búho –gritaba el ruiseñor, emocionado- mientras rápido partía los vientos.-
-He aquí su trucha, coma por favor,
Espero de agrado su sabor.
-El  búho comió la trucha y se dispuso a cantar con el ruiseñor,
Después de que terminara el pescado de aquel improvisado pescador.
-Bien, es hora de que me enseñes a cantar mejor,
Señor búho, se lo dice un fiel admirador.
-Está bien, pequeñín al cantar debes hacerlo así
Y no de otra forma, todo en notas de sí.
-Pero yo, no canto de esa forma, a mi me gusta siempre improvisar,
Es el sentido efímero del arte, del cantar…
-No muchacho, tú no sabes cantar y eres necio,
No digas jamás que fuiste alumno mío, arruinaras mi prestigio.
-Marchándose dando cruelmente la espalda al ruiseñor,
Quien se sentía devaluado y ausente de esplendor
El ruiseñor se quedo llorando a la sombra de aquel árbol, En el cual vivía un amargado tejón
Pero solo lo ignoro y volvió a su hoyo al ver que se aproximaba el león.
-¿Qué haces aquí, tan solo pequeño pajarillo?
¿Por qué no haces tanto ruido como lo haría un grillo? –Le dijo el león-
-Señor león es porque, canto horrible el mismo búho me lo ha dicho,
Y me quedare aquí para ser de los gusanos un bueno nicho.
-no hables así apuesto a que tu voz me encantara
Si tan solo, algo para mi interpretaras.
-Desanimado el ruiseñor canto-
-El león admirado de él quedo lo alago e hizo olvidara del búho aquel maltrato-
-mira pequeño ruiseñor, aquí en mi casa tengo un altar, para alguien como tu un bello cantador,
Dichoso soy yo, de tenerte aquí dichoso cantador.
-Canta mas para mí, que te traerán uvas mis ciervos,
Recítame cientos y cientos de versos.
-El ruiseñor acepto y cada día lo que le pedía
Simplemente a sus pies aparecía.
-Pero un día el ruiseñor no canto,
Hablo con el león y su caso le conto.-
-Señor león decido marcharme, quiero volver a casa
Gracias por la grata estadía, me voy lleno de gracia.
- Tú, no te marchas de este techo,
Antes de eso me encargo de que sea tu lecho.
-El león se comió al ruiseñor
Y así murió el pequeño cantador…
Moraleja abierta…